lunes, 6 de agosto de 2007

¿QUÉ ES LA SEMIÓTICA Y/O SEMIOLOGÍA?
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Carlos Rojas
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Estos dos términos que aparecen generalmente de manera concurrente, serán objeto de un esclarecimiento en el transcurso de esta exposición, para intentar establecer sus similitudes y diferencias, así como para proponer un recorrido de la constitución de esta ciencia.

Parafraseando a Todorov, podríamos decir que la Semiología es una ciencia vieja y nueva a la vez, con lo que se quiere señalar que la ciencia que trata de la teoría de la significación no es una invención de este siglo. La reflexión sobre el signo se ha ejercido en la filosofía del lenguaje, la lógica, la linguïstica, -estas dos últimas identificadas directamente con el signo-, a través de un largo período histórico.

Todorov en “Théories du Symbole” (1) (Teorías del Símbolo) realiza un estudio del signo en lo que él ha denominado la “tradición occidental”, desde Aristóteles hasta los tiempos presentes. La problemática del signo es postulada en este trabajo como una de las más ricas de la historia occidental, pero que debido a la variedad terminológica y al aislamiento de las diversas disciplinas se ha olvidado de su unidad. La propuesta de Todorov va enfocada a relevar la unidad de esta problemática, disimulada por las tradiciones y las terminologías divergentes, desde el punto de vista histórico.
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La teoría de la significación como ciencia nueva, que es el objeto de este trabajo, se desprende en los inicios de siglo; se desprende en los inicios de este siglo; a partir de los estudios realizados por el lingüista suizo Ferdinand de Saussure (1857 - 1913) y el lógico norteamericano Charles Sanders Peirce (1839 - 1914). Estos dos investigadores antitéticos concibieron la posibilidad de una ciencia de los signos y de la significación, trabajando en la instauración de esta disciplina en la completa ignorancia el uno del otro.
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Peirce, retoma bajo la forma Semiótica (Sémiotique), la denominación que el filósofo inglés John Locke aplicaba aplicaba a la ciencia de los signos y la significación a partir de la lógica, concebida ella misma -la lógica- como una ciencia del lenguaje. Peirce entregó toda su vida a la elaboración de esta disciplina, una gran cantidad de notas testimonian su esfuerzo obstinado por analizar en el cuadro semiótico las nociones lógicas, matemáticas, físicas, así como también psicológicas y metafísicas. Sin embargo, la falta de una sistematización de sus escritos, debido al hecho de encontrarse construyendo su teoría, nos ha privado tal vez de poder encontrar un desarrollo más elaborado de su propuesta. La muerte lo sorprendió en plena elaboracíón de su semiótica y lo que se pudo rescatar del deterioro, apareció en 1931 y 1935, bajo el nombre de “Colección de Papeles”2
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La reflexión de Peirce ha tenido como objeto repartir la totalidad de lo real, lo vivido y lo concebido, en los diferentes órdenes de los signos.En su Faneroscopía, sostiene que “todas las ideas se pueden repartir en tres clases, que son elementos formales fundamentales. Estas tres clases son la Primaria, la Secundaria y la Terciaria” (8.3282

Estas tres categorías implicarían la cualidad, la relación y la síntesis o mediación. “La concepción de la cualidad, que es absolutamente simple, se presenta cada vez que predomina el sentimiento o la conciencia singular. La concepción de la relación viene de la conciencia doble o sensación de la acción o de la reacción. La concepción de la mediación se extrae de la conciencia plural”.(1.378)
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En otra parte de sus escritos sostiene que “Primero es la concepción del ser relativo a alguna otra cosa. Tercero, es la concepción de la mediación para que un segundo y un tercero se pongan en relación” (6.32). Un signo, según Peirce, es una expresión auténtica de lo terciario, ya que pone en relación al signo, su objeto y su pensamiento interpretante. “Un signo sirve de intermediario entre el signo interpretante y su objeto” (8.332), ya que su función es hacer eficientes las relaciones ineficientes.
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La Semiótica, para Peirce, es “la doctrina cuasi - necesaria o formal de los signos” (2.227). Por Semiosis entiende una acción o una influencia que suponga la cooperación de tres sujetos: un signo, su objeto y su interpretante.
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A partir de su pensamiento triádico, Peirce elabora la división de los signos a través de tres tricotomías: Primero, a partir de que el signo es en sí mismo un existente real, una cualidad o una ley, éste puede ser sinsigno, un cualisigno o un legisigno.
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Un cualisigno es una cualidad y no puede actuar en tanto que signo antes de materializarse. Un sinsigno es una cosa o un acontecimiento existente real. El no puede ser signo sino por sus cualidades, de manera que implica un cualisigno o más bien muchos cualisignos, pero éstos son de una especie particular y no forman un signo sino materializándose realmente. Un legisigno es una ley. Esta ley es, en general, establecida por los hombres. Así todo signo convencional es un legisigno. No es de manera alguna un objeto singular, sino un tipo general que se ha convenido debe ser significante.
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Segundo, a partir de la relación de este signo con su objeto, que implica que el signo teniendo un carácter en sí mismo hace que se parezca a su objeto, ésta puede ser una relación existencial con su objeto o una relación con su interpretante (2.243); sobre el esclarecimiento de esta tríada el mismo Peirce en una carta a Lady Welby sintetiza el concepto, llamando “relaciones que mantienen los signos hacia sus objetos dinámicos” (8.335). Aquí aparece la más conocida de las tricotomías y que ha sufrido una suerte de malas interpretaciones o a veces de mención sin remitirse a quien era su creador: los íconos, los indicios y los símbolos.
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Un ícono es un signo que no perdería su carácter de significante incluso si su objeto no existiera, él envía a su objeto que denota en virtud de los caracteres internos que posee. En esta categoría se encuentran los cualisignos, como por ejemplo: una visión, el sentimiento que produce un fragmento de música considerando como representando las intenciones del autor.
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El ícono es la imagen de su objeto, mantiene su carácter de tal en cuanto se parezca a la cosa y sea utilizado como lo que representa.
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Un indicio es un signo determinado por su objeto dinámico en virtud de la relación real que él mantiene con éste. Este signo perdería su carácter que lo hace signo si su objeto fuera suprimido, tal sería el caso de una nube evocando una lluvia, la aparición de un síntoma de una enfermedad. Dentro de esta categoría se encuentran los sinsignos.
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Un símbolo es un signo determinado por su objeto dinámico en el sentido en el cual él va a ser interpretado. Depende de una convención, de una costumbre, o de una disposición habitual de su interpretante o del campo de éste. El símbolo perdería su carácter de signo si no tuviera interpretante. Así, todo discurso significa algo por el hecho de que se ha convenido de que él tiene esa significación. Todo símbolo es un legisigno.
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Tercero, por la relación que el signo mantiene con su interpretante significado, puede ser una rema, un decisigno o un argumento. Rema es un signo que es representado por su interpretante significado como si tuviera un carácter o una marca, es decir, como un signo de posibilidad cualitativa, como casi todas las palabras tomadas aisladamente.
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Decisigno, es un signo representado en su interpretante como si mantuviera una relación real con su objeto. Este es el caso de la proposición. Un decisigno implica necesariamente como parte suya, una rema para describir el hecho que él indica según el interpretante.
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Argumento, es un signo representado en su interpretante significado como su signo de ley, es decir, como si fuera un signo de este interpretante, o como si fuera un signo del estado del universo al cual se refiere, donde todas las premisas son consideradas como evidentes. (2.252 – 8.337).
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Estas tres tricotomías nos remiten a tres campos de investigación, según Peirce; la gramática especulativa o pura, que tiene por objeto descubrir lo que debe ser verdad en el signo-representamen utilizado por toda inteligencia científica para que ésta pueda descubrir su significación: la lógica propiamente dicha, que es la ciencia formal de las condiciones de la verdad de las representaciones, y la retórica pura, que esclarece las leyes gracias a las cuales un signo da nacimiento a otro y un pensamiento produce otro pensamiento.
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Creemos conveniente detenernos brevemente en lo que respecta a la relación del signo y su interpretante, debido a las concepciones contradictorias que se han propuesto a este respecto.
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En relación a estos tres conceptos, Peirce sostiene lo siguiente: “El sujeto concreto que representa yo lo llamo signo o representamen. Empleo estas dos palabras, signo y representamen, diferentemente. Por signo, entiendo todo lo que comunica una noción definida de un objeto de alguna manera que éste sea, siendo dado que estas comunicaciones del pensamiento nos son familiares”; en cuanto al representamen, lo define como “siendo todo lo que a esta análisis se aplica” (1.540).
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La primera distinción a establecer es lo genérico del signo en cuanto a que es todo lo que comunica una información de un sujeto a un objeto, a su vez el representamen es todo lo que se aplica cuando se quiere descubrir lo que esencialmente es el signo.
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A partir de que el representamen es un elemento analítico –abstracto- sostiene que “Un representamen es el sujeto de una relación tríada con su objeto (segundo) para un tercero llamado interpretante” (1.541). Sobre esta relación se han producido numerosos equívocos al considerar al interpretante como intérprete individual, cuando el autor establece que “el interpretante no puede ser un sujeto individual definido” y que la relación, en consecuencia, “consiste en un poder del representamen de determinar a algún interpretante a ser representante del mismo objeto. El interpretante, según Peirce, es otro signo o “una costumbre (hábito) (5.475). En lo que se refiere a lo primero (el signo) señala, en otra parte, que, “un signo es todo lo que determina alguna otra cosa (su interpretante), para enviar a un objeto al cual él mismo envía ....el interpretante se transforma a su vez en signo y así sucesivamente ad-infinitum (2.303), con lo que nos presenta un proceso semiótico ilimitado.
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En cuanto a lo segundo, la costumbre o el interpretante lógico, nos remitiría al campo semántico en el que se va a realizar el signo sin que se contradiga con su planteamiento semiótico ilimitado y donde el intérprete juega un papel de soporte de los interpretantes.
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Observamos, entonces, que el proyecto semiótico de Peirce se construye sobre la significación de la realidad dentro de un marco muy particular y general, a la vez, puesto que funciona como principio de definición para cada elemento y como explicación para todo el conjunto.
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El programa de Saussure, contrariamente al de Peirce, se desarrolla sobre la base de una reflexión que procede de la lengua, tomando esto como su objeto exclusivo.
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Para Saussure, el signo es primero, una noción lingüística, la que de manera general se extiende a ciertos órdenes de hechos humanos y sociales. Es decir, que su dominio comprende, además de la lengua, otros sistemas homólogos y todos estos sistemas tienen el carácter de constituir sistema de signos: los códigos de urbanidad, la moda, los ritmos, las convenciones sociales son sistemas de signos
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Saussure define al signo como una entidad de dos caras: por su parte conformado por un formante fonológico o gráfico llamado signi-ficante, y por otro lado, de una parte abstracta; el concepto, denominado significado. El signo se conforma de la total asociación del significante con el significado. El signo lingüístico, así definido, deja implícito el postulado sassurino de su carácter arbitrario. El ligamen que une el significante con el significado es arbitrario y convencional, es decir, que siempre y en cualquier circunstancia se origina de un acuerdo entre los sujetos hablantes y no en virtud de un nexo natural; en efecto, nada obliga al formante fonológico /caballo/ a significar el concepto “caballo”: es en virtud de una relación netamente “arbitraria”, que el significante /caballo/ (español)/cheva (francés)/horse (inglés) designa al animal domesticado para el hombre como bestia de carga o transporte. Ahora bien, si no existe una relación casual o “natural” entre el significante /caballo/ y el punto de vista del funcionamiento de la lengua; no reconocer la existencia de una “relación necesaria”, planteada por Emilie Benveniste4, o de una presuposición recíproca, planteada por Louis Hjelmslev5 asimilando el significante a la “expresión” y el significado al “contenido”; relación denominada por éste, función semiótica; el establecimiento de esta relación o semiosis define en primer lugar el acto del lenguaje.
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Sin embargo, uno de los verdaderos aportes a la lingüística moderna y a la teoría de los signos, en Saussure, es el concepto de valor, implícito por una parte, aunque no restringido al lenguaje. Con respecto a este concepto, sostiene que “la colectividad es necesaria para establecer valores, cuya única razón de ser es el uso y el consentimiento general; el individuo por sí solo es incapaz de fijar alguno”
6. Por lo tanto, sería ilusorio considerar al signo simplemente como la unión de significante y significado, definirlo así, es aislarlo del sistema del cual forma parte. Esto sería creer que se puede comenzar por los términos y construir el sistema haciendo la suma.
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Es al contrario, del todo solidario, que es menester partir, para obtener por análisis los elementos que él conforma más adelante.
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Diríamos, entonces, que el valor o el funcionamiento del signo en la lengua o sistema comanda la necesidad dialéctica de los valores en constante oposición y forma, a su vez, el principio estructural de la lengua.
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Saussure concibió una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social, a la cual denominó Semiología y la que según él, nos enseñaría en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los gobierna. La Lingüística entraría a formar parte de esta ciencia general y las leyes que esta ciencia descubra serían aplicadas a la lingüística.
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PROBLEMÁTICA SOBRE LA SEMIOLOGÍA Y LA SEMIÓTICA
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A lo largo del período en que comenzó la problemática Semiótica/Semiología (aproximadamente después de la Segunda Guerra Mundial) y hasta nuestros días, los investigadores han definido su objeto teórico de diversa manera. Georges Mounin como el estudio de los sistemas de comunicación distintos de los lingüísticos
8. Luis Prieto como la investigación de los códigos y la elaboración de su tipología.9
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Roland Barthes concibe la investigación semiológica como el estudio de los sistemas significantes complejos: objetos, comportamientos, imágenes, literatura, etc., es decir, aquellos códigos que prestan una verdadera profundidad sociológica y donde es necesario incursionar en el campo connotativo.
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Algirdas Julien Greimas define la investigación semiótica como todo un conjunto significante, susceptible de ser sometido al análisis como objeto de conocimiento.
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El origen del empleo del término semiótica o semiología podría tener, por una parte, una razón histórica. En Europa, Saussure empleaba por primera vez el término Semiología para definir una ciencia que estudie los signos en la vida social. En Norteamérica, Peirce, como lo hemos visto, designa a esta ciencia con el nombre de Semiótica.
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Sin embargo, si las dos denominaciones han sido utilizadas indistintamente, y hasta la presente se los utiliza como términos homólogos, -a pesar de la existencia de la Asociación Internacional para los Estudios Semióticos- creemos necesario señalar las diferencias que los dos términos recubren, diferencias que se definen tanto por la actitud del investigador hacia su objeto de análisis, como por los presupuestos metodológicos y epistemológicos.
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De manera general, el análisis semiológico se caracteriza por su base connotativa; es decir, el interés del investigador está enfocado, de manera preferente, hacia la dimensión connotativa de la lengua o del lenguaje para tratar de llegar a esa significación plural que se plantea descubrir. En esta perspectiva encontramos trabajos de sumo interés como “El grado 0 de la escritura”, “Crítica y verdad”, “L´Empire des Signes” (El Imperio de los signos) para citar algunos, finalmente “La Chambre Claire”, de Roland Barthes, publicado en marzo de 1980, obra que salió a la venta el mismo día en que fallecía su autor, uno de los semiólogos franceses más conocidos en el exterior.
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En este mismo enfoque, aunque guardando sus necesarias diferencias, podemos mencionar al semiólogo italiano Umberto Eco, uno de los más conocedores de la teoría de Peirce, para quien un proyecto semiótico comprende una teoría general de los códigos y una teoría general de la producción de los signos; es decir una semiótica de la significación y una semiótica de la comunicación. Por otra parte, debemos citar los estudios de Julia Kristeva y de Tzvetan Todorov, dedicados más a la investigación semiológica en el campo literario. Julia Kristeva, bajo el nombre de Semanálisis propone construir una teoría general de los modos de significar, ya que para dar cuenta de la “práctica significante” que nuestra sociedad llama “literatura” es necesario establecer reglas lógicas y topológicas que expliquen su funcionamiento. El rechazo de un sentido unívoco y pleno será, pues, una de las bases de la Semanálisis.
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Para la realización de su proyecto, le ha sido necesario establecer categorías como significancia, fenotexto, genotexto, estos dos últimos tomados por apuntalamiento de la Gramática Generativa Aplicativa propuesta por Soumjan, quien ha extraído estos conceptos a su vez de la biología (genotipo y fenotipo), para establecer un nivel intermedio que articule las estructuras superficiales y profundas planteadas por la lingüística generativa de Noam Chomsky.
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Así, del genotipo de cada lengua se puede construir un genotipo universal. Kristeva plantea que el texto impreso (fenotexto) será legible (lisible) sólo como condición de una lectura vertical a través de su génesis, por esta operación se llega al genotexto, un nivel abstracto del funcionamiento lingüístico, que lejos de reflejar las estructuras de la frase, precediéndolas y excediéndolas hace su análisis.
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El genotexto está conformado por los significantes diferenciados y plurales al infinito, en relación a los cuales el significante impreso sólo es un límite. La Semanálisis, que estudiará en el texto la significancia y sus tipos, tendrá que atravesar el significado con el sujeto y el signo –incluyendo la organización gramatical del discurso- para alcanzar esta zona en que se juntan los gérmenes de lo que significará en la presencia de la lengua.
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La preocupación de T. Todorov se ha enfocado a buscar una gramaticalidad en el discurso literario, como es el caso de “La Gramática del Decamerón”, uno de sus libros más conocidos, proyecto que lo había iniciado desde su tesis doctoral, publicado bajo el nombre “Littérature et Signification”, donde establecía una tipología del relato a través de la función enunciativa, tomando como base los enunciados performativos y constativos estudiados por John Austin en su obra “Quand dire, c´est faire
14. En otras ocasiones, tratando de rearticular elementos de la retórica dentro de categorías semiológicas, como es el caso de su libro “Poética”, y, como lo mencionamos inicialmente, efectuando un estudio del desarrollo teórico que ha tenido el signo desde la antigüedad hasta nuestros días.
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Es menester finalmente, y a costa de alevosas omisiones, destacar en este campo los estudios realizados por Gérard Genette, quien a través de sus libros “Figures” I, II y III
15 ha tratado de elaborar un modelo narrativo de la enunciación en el discurso literario.
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La Semiótica, por su parte, somete al objeto de su análisis a una construcción coherente y adecuada, para lo cual ha elaborado todo un universo metodológico que le permita estudiar el discurso a partir de la red de relaciones que éste mantiene y donde ha logrado desarrollar todo un andamiaje teórico-práctico, el mismo que ha sido susceptible de comprobarse a través de las investigaciones realizadas, ya sea en publicaciones, ya sea en tesis doctorales.
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De esta manera se entiende actualmente por Semiótica el proceso “desambiguador” que permite una lectura “objetiva” o “lógica” del discurso y donde se pueda establecer un programa de lecturas demostrables dentro de este proceso que hemos denominado objetivo. Este estudio pretende un análisis del discurso sin prejuzgados, sin elementos apriorísticos, en la medida de lo posible. Este proyecto ha sido llevado a efecto por Algirdas Julien Greimas, desde su seminario en la Escuela Saint Cloud de París, bajo el nombre de Curso de Semántica (1964), el cual fue publicado más tarde con algunas correcciones, con el título de “Semántica Estructural”, 1966.
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LOS ESPACIOS DE REALIZACIÓN
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Dentro del espacio de realización –performance diríamos para ser más pertinentes- de la semiología y la semiótica, este trabajo se limitará a destacar dos estudios realizados sobre los mitos de la actualidad, en cada una de estas disciplinas, tomando como base a Roland Barthes y A.J. Greimas, sin desconocer que los trabajos más desarrollados por estos dos autores son “S/Z”
17, de Barthes y Maupassant.
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“La Sémiotique du Texte”, de Greimas, donde el primero establece, a partir de la noción de “lexias”, el tejido de los códigos sobre los que se sustenta el relato de Balzac, y el segundo determina las isotopías que articulan los programas narrativos en el universo de significación del cuento “Dos amigos de Maupassant”
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4. EL PROYECTO SEMIOLÓGICO DE ROLAND BARTHES
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En el enfoque que hemos elegido para este trabajo, destacaremos los estudios realizados por Barthes, referentes a los mitos modernos y que son publicados bajo el título significativo de “Mitologías”.
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Barthes se presenta aquí como crítico develador de los contenidos “profundos” de la sociedad francesa, al hacer aparecer a los signos sociales como agentes alienadores del individuo.
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Al preguntarnos en qué consiste el mito moderno, Barthes nos da una primera respuesta en los siguientes términos: “el mito es una palabra”
20 Con esta referencia metonímica (hipotáctica) debemos entender que toda palabra, todo discurso susceptible de ser socializado, vehicula en su comunicación significaciones míticas; los contenidos míticos aparecen representados por las axiologías, los valores sociales o convencionales del sujeto. Dentro de esta perspectiva, el mito señala y toca una importante zona del significado compartido por la religión, el folklore, las costumbres, las bellas artes, etc. En otro plano, podemos comprender el mito como contraposición a la historia, a la ciencia, al discurso analítico; como un antónimo y contrapunto de “logos”. El mito reviste, entonces, el significado irracional e intuitivo del discurso. Por este motivo Barthes sostiene que el mito es una palabra interpelativa, puesto que interpela, provoca, llama para fijar solamente la literalidad del sentido y rechazar la apropiación del concepto.

De esto podemos deducir que el mito no esconde el sentido sino que deforma el concepto. En el proceso de comunicación, el mito se naturaliza, es decir se hace transparente, dicho de otro modo no se lo ve.

En el proceso Emisor-Receptor, se podría determinar tres categorías de sujetos, de acuerdo a la posición que cada uno ocupe respecto al mito. En primer término tendríamos al Sujeto-Destinador, que sería el productor de mitos; en segundo término podríamos situar al mitólogo, quien descifra el discurso por medio de una lectura reflexiva que le permite deshacer la significación mítica puesto que él comprende la deformación del sentido. Por último, al Sujeto-Receptor, en cuya posición se encontraría el lector inocente, consumidor de mitos; sujeto que no está en condiciones de distanciar ni de analizar el discurso por ser un lector emotivo y, por el contrario, ve reflejado allí su “verdadera realidad”.

5. EL PROYECTO SEMIÓTICO DE GREIMAS

Dentro del proyecto semiótico de A.J. Greimas, iniciado a partir de 1966, se están realizando una serie de investigaciones tendentes a lo que se ha denominado “desambiguar” el discurso. El producto de estas investigaciones ha sido publicado por el Grupo de Investigadores Semiolingüísticas de la Escuela de Altos Estudios de París.

En los últimos años se ha ampliado el margen de investigaciones de la semiótica, llegando en la actualidad al campo literario, sociológico, psicológico, plástico, antropológico, espacial y musical. Desde hace cinco años se ha iniciado el estudio de lo que se ha denominado “Semiótica de las Pasiones”, cuyo proyecto está orientado a elaborar un “programa de lecturas” de los universos connotativos que se presenta demasiado inestable, se ha partido de la profundización de las modalidades del sujeto –cuestión que había sido elaborado desde los inicios de la investigación- estudiadas ahora como condicionantes mediante los cuales un sujeto puede ser manipulador o manipulado.

La Semiótica de Greimas implica, para la coherencia del análisis, la consideración de niveles jerarquizados que se encargan de organizar la producción del sentido; a partir de esto se postula la existencia de dos niveles: nivel superficial y nivel profundo o inmanente. En el nivel superficial se determina un componente narrativo que rige el encadenamiento y la sucesión de estados y transformaciones, así como un componente discursivo que rige en el texto el encadenamiento de figuras y efectos de sentido.

En el nivel de las estructuras semióticas profundas se sitúan los contenidos semánticos formulables como sistemas de valor o epistemas. Greimas ha postulado en este nivel una base no antropomorfizada de los contenidos revestidos en el discurso, en donde las categorías sémicas postuladas como siendo de carácter binario se articulan en semas o categorías fundamentales de la significación.

En cuanto a la lectura mitificante del discurso, tomado aquí como ejercicio de realización por considerarlo más aceptable para el destinatario lector, señalaremos el análisis que Greimas presenta en su libro “Sémiotique et Sciences Sociales” (Semiótica y Ciencias Sociales)
21, en lo referente al discurso jurídico, donde analiza la ley sobre las “Sociedades y los Grupos Comerciales de Francia”, utilizando aquí como concepto operatorio, la connotación para hacer comprender el proceso mitificante del discurso. La connotación está constituida por un conjunto de significaciones secundarias que puede soportar, además de su sentido denotativo o abiertamente intencionado, todo texto engendrado por un sistema semiótico cualquiera. En este análisis, Greimas sostiene que dicho texto, independientemente de lo que quiere enunciar, vehicula en su desarrollo un conjunto de connotaciones vagas que podrían ser asumidas por el lector como una mezcla de incomprensión de respeto, de amenazas implícitas y que constituye el aspecto mitificante de la “juridicidad” del texto.

Esta connotación social del texto jurídico podría ser solamente un conjunto de efectos de sentido, sin embargo, no deja de constituir una dimensión simbólica autónoma que da cuenta del peso de una institución y de la credibilidad de las instituciones de derecho.
Para concluir, creyendo haber cumplido con el objetivo de este trabajo que era especificar las diferencias entre Semiología y Semiótica, podríamos recalcar que la diferencia básica no reside en el empleo del término sino en la actitud del investigador hacia su objeto de análisis, que implica la adopción de un marco epistemológico.

Podríamos considerar, en vista del copioso metalenguaje mostrado en este trabajo y del que no nos es posible deshacernos, un enunciado de Umberto Eco en el que se trata de resumir el proyecto semiológico y semiótico: “la disciplina que estudia todo lo que puede usarse para mentir, ya que lo que no puede usarse para mentir tampoco puede usarse para decir la verdad, es decir no puede usarse para nada”.
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Finalmente, es menester considerar lo paradójico de una ciencia que se reclama tan rigurosa: el hecho de haberse constituido de dos libros que jamás se hicieron para publicar.
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BIBLIOGRAFIA
2.- Hemos tomado para este trabajo la compilaciòn francesa que, bajo el nombre de Ecrits sur le signe, incluye una parte de “colección de Papeles” y las cartas de Lady Welby. Ediciones de Seuil, París, 1987.
3 Saussure, Ferdinand de. Cours de Linguistique Generale, Editorial Payot, Paris 1975. (Edición crítica preparada por Tulio di Mauro).
4 Benveniste, Emile, Problémes de Linguistique Genérale I, Gallimard, París, 1975.
5 Hjelmslev, Louis, Prolégoménes á une Théorie du Langage, Minuit.
6 Saussure, Ferdinand de, Op, cit, (p. 157)
7 Saussure, Ferdinand de, Op. Cit (p. 157)
8 Mounin, Georges, La Lingüística du XX siécle, PUF, 1972
9 Prieto, Luis, Messages et signaux, PUF, París, 1966.
10 Barthes, Roland, “Eléments de Sémiologie”. Comunication 4, París 1964.
11 Greimas, A.J. Sémiotique, Dictionnarie Raisonné du Langage, Edit. Hachette, París, 1980.
12 Saumjan, S.K. “La Gramaire Générative Aplicate”. Langages No. 33 Larousse, Prís, 1974.
13 Kristeva, Julia, Recherche pour une Sémaályse, Ediciones du Seuil, París, 1969.
14 Austin, J. L. Quand dire, c´est faire. Ediciones du Seuil, París, 1970. (Hemos tomado la traducción francesa de How to do things with words, con la introducción de Giles Lane).
15 Genette, Gérard, Figures I, (1966
16 Greimas, A.J. Semántique Structurale, Larousse, París, 1966.
17 Barthes, Roland, S/Z, Ediciones du Seuil, París, 1970.
18 Greimas, A. J. Maupassant. La Sémiotique du Texte, Ediciones du Seuil, París, 1976.
19 Barthes, Roland. Mythologies, Ediciones Seuil, París, 1957 (existe edición en español)
20 Barthes, Roland, Mythologies, op. cit. (p. 193)
21 Greimas, A.J. Sémiotique et Sciences Sociales, Ediciones Seuil, París, 1976.
22 Eco, Humberto, Tratado de Semiótica, Nueva Imagen, México, 1980.
Correo electrónico ccv965@yahoo.com